Friday, January 16, 2009

nueve. alimentar el templo

alimento del espíritu
búsqueda incansable
eterno amanecer

siempre aleteando
buscando lo que le hace bien

les comparto un pequeño cuento de Paulo Coehlo,
de “El Guerrero de la Luz Online”, una publicación de www.paulocoelho.com.br

Cada uno con su destino.

Un samurai, conocido por todos por su nobleza y honestidad, fue a visitar a un monje zen en busca de consejos, No obstante, en cuanto entró en el templo donde el maestro rezaba, se sintió inferior, y concluyó que a pesar de haber pasado toda su vida luchando por la justicia y la paz, no se había ni tan siquiera acercado al estado de gracia del hombre que tenía frente a él.

- ¿Por qué me estoy sintiendo tan inferior? - le preguntó, no bien el monje hubo acabado de rezar. - Ya me enfrenté muchas veces con la muerte, defendí a los más débiles, sé que no tengo nada de qué avergonzarme. Sin embargo, al verlo meditando, he sentido que mi vida no tenía la menor importancia.

- Espera. En cuanto haya atendido a todos los que me han buscado hoy, te daré la respuesta.

Durante todo el día el samurai se quedó sentado en el jardín del templo, viendo como las personas entraban y salían en busca de consejos. Vió como el monje atendía a todos con la misma paciencia y la misma sonrisa luminosa en su rostro. Pero su estado de ánimo iba de mal en peor, pues había nacido para actuar, no para esperar.

Por la noche, cuando ya todos habían partido, insistió:

- ¿Ahora podrá usted enseñarme?

El maestro lo invitó a entrar y lo llevó hasta su habitación. La luna llena brillaba en el cielo y todo el ambiente respiraba una profunda tranquilidad.

-¿Ves esta luna, qué bonita es? Ella cruzará todo el firmamento y mañana el sol volverá a brillar. Solo que la luz del sol es mucho más fuerte y consigue mostrar los detalles del paisaje que tenemos a nuestra frente: árboles, montañas, nubes. He contemplado a los dos durante años, y nunca escuché a la luna decir "¿Por qué no tengo el mismo brillo que el sol? ¿es que quizás soy inferior a él?"

- Claro que no - respondió el samurai - la luna y el sol son dos cosas diferentes, y cada uno tiene su propia belleza. No podemos comparar a los dos.

Entonces, ya sabes la respuesta. Somos dos personas diferentes, cada cual luchando a su manera por aquello que cree, y haciendo lo posible para tornar a este mundo mejor; el resto son solo apariencias.
fin
alimentar nuestro espíritu
es algo que solo podemos hace nosotros mismos
utilizando cada uno de nuestros sentidos
carpe.diem
in.funk

3 comments:

Mnk said...

hoy si que me quedé speechless....que gran post, que gran cuento..

gracias

Anonymous said...

Cierto! Tenemos el mismo cerebro, los mismos ojos... pero tenemos diferentes puntos de vista, diferentes actitudes para un mismo suceso, una vida diferente, diferentes deseos, pero solo muy poca gente lucha por lo que quiere...

TASNo.1

Jorge Romero said...

Es un buen fragmento a retomar de este libro, porque no hay hombre mas pequeño, que el que no ve la grandeza que lleva dentro. Amigo espero retomar nuestra comunicacion y seguir en contacto, y ya sabes espero la jugada 36 a este comentario jorgejr2001@hotmail.com